Historia de tu nick Estás fumando mirando hacia el mar, con la vista perdida sobre las nubes que amenazan lluvia. Hoy no puedes salir, el tiempo no acompaña; mejor: tu cuerpo sólo arde en deseos de poseerte y que te posean. Empiezas a pensar en ello mientras el paisaje no te distrae de esa idea que cada vez te va invadiendo. Y no sólo es una idea, pues desde las piernas, por las delgadas pantorrillas y los sinuosos muslos va subiendo un leve cosquilleo, aún muy ligero, aunque te obliga a sentarte y abandonarte al sofá, junto al calor de la manta revuelta y todavía oliendo a tu presencia.
Fumas, pero no te abandona el cosquilleo, cada vez más intenso. Echas la cabeza para atrás, tu cabellera rubia se desliza por entre el respaldo mientras no puedes evitar que la yema de los dedos comiencen a pasear allí donde todavía no quieres, entre las piernas, por entre unos muslos que son tan suaves como el caramelo recién hecho, aún caliente. Tienes que apagar el cigarro porque la ansiedad ya invade buena parte de tu cuerpo, y te faltan manos. Aquél se mueve sinuoso y tu quieres seguir viendo las nubes y el cielo que amenaza lluvia; quieres seguir imaginando como será pocos minutos después, cuando la ventana se empape de agua y el sonido invada el ambiente por ahora silencioso. Pero es imposible: en tu mente solo están las manos, blancas, lechosas, que se escabullen entre tus pezones y tu vulva, ya manando -aún con la levedad del viento- los primeros jugos que, piensas, te harán feliz.
Ya no puede evitar seguir observándote desde la penumbra. Yo también deseaba contemplarte hasta que lloviera, pero tu espalda formando una curva, el perfil de tu pecho derecho, el pezón cada vez más puntiagudo, los primeros movimientos de tu cuerpo, el culito ladeándose sinuoso con la lentitud del segundo, me llenaron de deseo. Tímido, aunque también como tu ardiendo, mi pene crecía y rompía el silencio interior. Me fui acercando mientras te contorneabas con los ojos cerrados, aunque intuía que me estabas oliendo. |