Aficiones Me concedo a mi mismo el permiso de estar y de ser quien soy, en lugar de creer que debo esperar que otro determine donde debería estar, o cómo debería ser
Me concedo a mi mismo el permiso de sentir lo que siento, en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar
Me concedo a mi mismo el permiso de pensar lo que pienso y tambien el derecho de decirlo, si quiero, o de callarmelo si es que así me combiene
Me concedo a mi mismo el permiso de correr los riesgos que yo decida correr con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos
Me concedo a mi mismo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo en lugar de esperar que alguien mas me de el permiso para obtenerlo
La Tristeza y la Furia: Otro Cuento Que Vale La Pena Leer
En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás, donde los hombre transitan eternamente sin darse cuenta, en un reino mágico, donde las cosas no tangibles se vuelven concretas, habia una vez, un estánque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes, y donde todas las tonalidades del verde, se reflejaban permanente.
Hasta este estanque, mágico y transparente, se acercaron a bañarse haciendose mutua compañía la tristeza y la furia. Las dos, se quitaron sus vestimentas, y desnudas las dos, entraron al estanque, la furia, apurada, como siempre está la furia, urgida sin saber porqué, se bañó rapidamente, y más rapidamente aún, salió del agua. Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso al salir la primera ropa que encontró, y sucedió, que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza, y así, vestida de trsiteza la furia se fué.
Muy calma y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar que está, la tristeza terminó su baño y sin apuro, o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo como es su costumbre, con pereza y lentamente salio del agua. En la orilla, se encontró con que su ropa ya no estaba, y como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la unica ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan, que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es solo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad, está escondida la tristeza. |